Nueva Evangelización
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Concepto que se ha ido divulgando a partir de la demanda de Juan Pablo II en su glosa sobre esta expresión en repetidas ocasiones. En su visita a Puerto Príncipe, Haití, el 9 de Marzo de 1983 recogió el término de Pablo VI en la Exhortación Evangelii nuntiandi cuando hablaba de María, la "estrella de laevangelización renovada".
   En 1979, en el documento pre­parado para le reunión de los Obispos latinoamericanos, (CELAM) tenida en Puebla de los Angeles, se dedicó el capítulo prime­ro a disponer la reflexión sobre la nueva evangelización que América y el mundo necesitan.
   El documento episcopal preparado para el encuentro de Santo Domingo, conmemorativo del V Centenario de la evangelización de América, en Octubre de 1992, volvió a reflexionar sobre la necesidad de una nueva evangelización, haciendo una clara definición del concepto y tratando de hacerlo algo operativo y dinámico. "Nueva evangelización es el conjunto de acciones, medios y actitudes aptos para colocar el Evangelio en diálogo activo con la modernidad y con lo postmoderno" (n. 24)
   A partir de estos planteamientos la idea de que el mundo ha entrado en fase nueva y de que la Iglesia debe sentirse en disposición de adoptar nueva forma de evangelizar ha ido ganando terreno en los ámbitos pastorales y ha ayudado a formular esa necesidad de hallar, en palabras de Juan Pablo II, "nuevos métodos, nuevas expresiones y nuevo fervor en los apóstoles y en los enviados."

   1. Cambios y evangelización

   La nueva evangelización no es una revolución o cambio radical, pues la Iglesia y sus miembros, conscientes del mandato de Cristo (Mt. 18. 16-20; Mc.16. 15), nunca han dejado de Evangelizar a "todo el mundo".
   Pero en su caminar terreno de dos milenios, la labor evangelizadora ha atravesado ciertos períodos que han precisado cambios pastorales portentosos. Tal aconteció cuando en el siglo VI los pueblos bárbaros invadieron y transformaron la Europa romanizada, cuando en el siglo XVI la revolución protestante convulsionó las relaciones y desencadenó sangrientas guerras de religión; cuando a finales del XVIII la revolución francesa y sus efectos napoleónicos rompieron las monarquías de Europa y nació el laicismo.
   Cuando a finales del XIX estalló una acelerada revolución industrial y la competitividad mercantil inició una carrera alocada la Iglesia, como en tránsitos anteriores hubo de hacer incómodas adaptaciones.

  2. Rasgos del mundo actual 

   En los tiempos actuales el hombre atraviesa una transformación original, radical, imprevisible y a veces desconcertante. Nunca como hoy cambios culturales han sido tan dasafiantes y las incógnitas éticas tan acuciantes.
   Pero, en medio de todo lo que acontece, la Iglesia sigue y seguirá siempre ofreciendo el mensaje que ella recibió y dará luz a los hombres en su caminar cotidiano en medio de los hombres. Lo hará con espíritu nuevo, con una savia joven que fecundará con el Espíritu de Dios las nuevas realidades. Por eso se pregunta por el efecto de los hechos transformadores del mundo presente, entre los cuales observa algunos de ellos con especial atención. Una explosión demográfica impresionante hace que el mundo sea demográficamente joven y que exista la contradicción de islas, o naciones, envejecidas, al menos en relación a las más fértiles.

  - Los medios de información masiva, sobre todo audiovisual, hacen necesaria la superación de la mera palabra oral y escrita por una experiencia directa o indirecta de lo que en el mundo se ve y se valora por medio de la imagen.
  - La revolución tecnológica sin precedentes, sobre todo en el área de las comunicaciones, ofrece a los hombres artilu­gios asequibles, admirables, prag­máticos, versátiles y cambiantes.
  - Una globalización o interdependencia sorprendente invade al mundo. La globalización, o interinfluencia de los pueblos, de los Estados y de las personas, hace que la mayor parte de las cuestiones o de los problemas locales traspasen unas fronteras que cada vez son más permeables: al terrorismo, a las enfermedades, a las modas, a los lenguajes, a las preferencias, a los sistemas comerciales.
   - La movilidad social que en otros tiempos se denominaba emigración convierte a grandes masas de hombres en peregrinos que abandonan sus lugares de nacimiento y por el trabajo, por la guerra, por los cambios de fortuna o por el deseo de mejora, abandonan las zonas rurales y acuden a masificar las zonas urbanas; o se marchan de unos países a otros en espera de hallar mejores formas de vida. Muchos lo hacen en realidad, pero son muchos millones más lo que desearían hacerlo y viven con el sueño de un día conseguirlo.
   Estos fenómenos instrumentales originan irreversiblemente tres condicionamientos ideológicos confluyentes:
     - Unas formas frágiles de pensar condicionan sistemas de vida y de relación humana despersonalizados, egocéntricos y frecuentemente desconcertantes.
    - La desacralización de las mayor parte de las tradiciones y los efectos del secu­larismo, del laicismo, del subjetivismo en todo lo referente a lo religioso ponen en entredicho los postulados de la fe cristiana, sobre todo si se la sitúa en contraste con el amplio abanico de ateísmos, pragmatismos, materialismos, agnosticismos y escepticismos hoy extendidos.
    - Una convulsión ética incomprensible pone entredicho los criterios tradicionales y hace que los grandes problemas morales (bioéticos, ecológicos, cosmológicos, sexuales, físicoquímicos) reclamen directrices que no siempre son concordes con el Evangelio auténtico y que no resultan tolerables a la luz de la vocación trascendente del hombre.

 3. Respuesta evangelizadora

   Ante este mapa de situación, la Iglesia se pregunta cómo acomodarse al mundo de hoy en acelerada y convulsiva transformación moral y cómo puede actuar para cumplir su misión. Se interroga cómo introducir el mensaje de Cristo en medio de esta nueva situación tecnológico, ideológica, globalizadora del mundo y cómo debe lograr que el hombre ilumine su vida con los grandes principios del cristianismo, como quiso Jesús.
    - Siente que armonizar la tecnología con el Evangelio no es difícil: Dios es compatible con los programas informáticos, con los espectáculos televisivos y con la red de la telefonía móvil. A través de esos recursos puede hacerse presente el mensaje de la otra vida, recordarse la necesidad de amar al prójimo y reclamar para todos los hombres la justicia social, la paz y el progreso moral.
     - Pero intuye y experimenta que no es tan fácil armonizar el Evangelio con el secularismo radical, que reduce a mitologías todas las creencias religiosas; o advierte que resulta fatigoso identificar la verdad con sistemas éticos que, como el mahometismo, siguen infravalorando a la mujer con respecto al varón; o que, como el judaísmo, siguen considerando la venganza un deber so pretexto de ser Dios el que manda destruir a los enemigos; o incluso que, como el hinduismo, sigue esperando en un nirvana (parálisis estática de la existencia) como final pasivo de la emigración de las almas y no como un cielo activo y personal en el que se seguirá amando a Dios, Señor del Universo.
     - Incluso la Iglesia no ve claro cómo  pedir amor a los enemigos en un mundo castigado por el terrorismo y multitud de focos de violencia: o cómo pedir mejor reparto de la riqueza de la tierra en medio de una sociedad tan consumista y a pesar de las empresas multinacionales opresoras que aspiran a la hegemonía en los servicios y en los beneficios.
     - Sabe que tiene que hablar de virtudes tales como castidad, responsabilidad, honestidad, austeridad, sobriedad y lo hace en medio de una revolución sexual que demanda separar el placer de la reproducción, que juega con el embarazo en sus leyes como si de una mala digestión se tratara, que predomina una sociedad tan hedonista que todo los somete a los medios del marketing comercial y a la equiparación de felicidad con despilfarro.
     - Y además tiene que hablar de comu­nidad, de fraternidad, de intimidad familiar, de oración compartida en macrópolis de millones de habitantes, en las cuales se alzan rascacielos lujosos en las cercanías de millones de habitantes que habitan en barrizales y no tienen luz eléctrica, agua corrientes y menos comida diaria.
   Sin embargo la Iglesia tiene que seguir evangelizando en medio de todas estas contradicciones. Y se siente responsable de hacer el milagro de que los hombres escuchen el mensaje y, sobre todo, que lo apliquen en sus vidas.
   Sabe que evangelizar es seguir invitando a vivir el amor real al prójimo, superando las simples palabras de solidari­dad. Intenta conseguir más justo reparto de la riqueza del mundo y aspirar a superar todo género de injusta explotación y extorsión. Esto no se consigue con sólo aconsejar paciencia en espera de que la justicia se haga en el juicio final; exige que la fe vaya acompañada de obras buenas y no se reduzca a un mero sentimiento de confianza en la Providencia.
   La nueva evangelización pretende anunciar lo siempre dicho, con palabras agradables y no con amenazas; supone acoger los cambios con dominio y con esperanza y no sólo con curiosidad y con resignación; conduce a seguir anunciando la venida de Jesús con visión viva de su presencia actual en medio del mundo y no con perspectivas de erudición histórica sobre una figura que vivió hace dos milenios.

   4. Campos nuevos y originales
  
   Todo lo dicho vale para cualquier rincón del mundo, desde la aldea tropical del Amazonas o del desierto australiano hasta el centro de una megalópolis moderna o la cátedra de la mejor universidad de Occidente. Todos son iguales ante el mensaje de la salvación.
   Pero es evidente que es preciso adaptarse a la realidad del mundo actual. Es verdad que hay rasgos comunes al universo entero, pero las zonas de la tierra presentan suficiente complejidad para que sea preciso adaptación.
   El término de "evangelización" y el adjetivo "nueva" resuenan con cierta originalidad en cada área cultural y espiritual. Los educadores deben situarse, realizarse, encarnarse y comprometerse con cada pueblo real.


 
 

   

 

 4.1. La vieja cristiandad

   Europa, Norteamérica, zonas urbanas de Australia y áreas desarrolladas de la costa asiática del Pacífico, han sido abatidas por el virus del agnosticismo pragmático, de la indiferencia espiritual, del hedonismo anexo al desarrollo indus­trial. Han abandonado, sin apenas advertirlo, los ideales que durante siglos configuraron la vida de sus habitantes.
   Fueron territorios cristianos (católicos, evangélicos, anglicanos) que discutían sobre quien tenía la verdad evangélica. Pero en tiempos recientes hasta dejaron de discutir tal asunto, pues altos porcentajes de sus habitantes se dieron cuenta de que estaban circulando por sendas de indiferencia religiosa, de agnosticismo total, de claro ateísmo práctico. Lo disimularon creando una cultura del laicismo y justificando un secularismo como progreso integral. Pero en realidad se trató del abandono total del Evangelio.
  La Iglesia se pregunta en estos lugares cómo proceder para una nueva Evangelización. Sospecha que va a ser difícil una "recristianización" en forma de retroceso al pasado, pues sabe que la Historia es, por su misma naturaleza, "irreversible" y que las poblaciones se han alejado masivamente del Evangelio.
   Nueva Evangelización en estos lugares llenos de arte, de literatura, de monumentos y nomenclaturas, de tradiciones cristianas supone reelaborar otras formas de anunciar que Cristo ha resucitado. La Iglesia sigue ansiando que haya muchos ciudadanos que vivan según las demandas de su mensaje.
   Evangelizar exige primero recapacitar en la importancia de volver a las propias raíces espirituales y eso no es posible para una población hecha de hombres que siempre tienen prisa, que necesitan dinero o satisfacciones materiales, que hasta no quieren hijos, o los quieren escasos, para no perder el nivel de vida y el ritmo de gasto o crear ataduras estables en el hogar pues el lugar en que se vive se mira más como residencia que como familia. Puede parecer un panorama sombría, pero todos saben por experiencia que es real.
   Nueva evangelización en estos lugares es equivalente a pedir sinceridad y auste­ridad; es ayudar a la juventud a asumir los valores trascendentes y a no esconder su soledad espiritual en el alcohol, las drogas, el sexo libre, las habilidades ciber­néticas, el espiritismo negro o la curiosidad de participar en sectas orientalistas; es reclamar madurez para dar parte de lo que se tiene de sobra a quien carece de todo.
   Pero esa ayuda neoevangelizadora no se presenta con lamentos y nostalgias, con palabras paternales y moralistas, con amenazas de trastornos y frustraciones. Sólo se logra con ofertas prácticas: participación en voluntariados generosos,  com­promisos con grupos activos, cultivo de una cultura abierta, lucha decidida por ideales personales y colectivos

   4.2. La Iglesia latinoamericana

   El mundo suramericano, por sus condiciones demográficas y su situación económica, es la parcela del catolicismo que más ha sufrido la transformación social en los últimos decenios. La doble capa poblacional que lo habi­ta distorsiona moralmente el Continente. Está formada una por los privilegiados de la fortuna (un 10%), que viven un bienestar cercano al de países ricos y desarrollados. Y existe el otro 90% de personas pobres, entre los que la mitad se halla en los um­brales de la miseria o totalmente hundidos en ella.
   Históricamente católicos, viven llenos de mitos, tradiciones religiosas, afectivas y expresivas. Saben que viven años de esperanza en cuanto cuentan con riquezas naturales que puede facilitar las mejoras sociales. Pero se hallan amenazados por explotaciones extranjeras de las que es difícil liberarse. Basta el dato estadístico de que más del 50% de los católicos del mundo se halla en Latinoamérica y que más del 50% de las 12.000 llamadas sectas religiosas operan en estas poblaciones, para entender por qué la Iglesia mira con inquietud y con esperanza al mundo latinoamericano y recla­ma para sus gentes una intensa "evangelización nueva".
   Esa acción en este mundo ya no está en la maravillosa tarea catequística de los primeros colonizadores, con sus franciscanos predicadores, con sus dominicos alentando universidades y sus jesuitas construyendo defensivas "reducciones" en las selvas amazónicas.
   Es momento de reforzar una piedad atada a tantos santuarios marianos, a tantas fiestas, romerías y peregrinaciones, a tantas iconografías mágicamente atractivas que se extienden por el Continente entero.
   El reforzamiento viene por un encuentro más limpio con la Palabra divina, por mayor conciencia pastoral autónoma, por una llamada insistente a salvar la familia estable, por una teología liberadora que sea más creativa que revolucionaria, más práctica que especulativa y que vaya más directamente a la cabeza, donde se forjan los criterios, que al corazón, en el que bullen los sentimientos. Si todo esto se revitaliza, habrá nueva evangelización.
   Entonces Latinoamérica, desde Florida y California hasta la austral Tierra de fuego, tal vez entienda que ha terminado de recibir oleadas de misioneros de fuera de sus fronteras y se ella la que comience a enviar legiones de misioneros a los otros continentes con generosidad.

    4.3. La Iglesia negra

    La evangelización Africa sigue senderos en parte similares, pero también diferentes, a los de Latinoamérica. La diversidad del continente en razas, culturas, religiones, zonas lingüísticas y en grandes intereses internacionales de neocolonización, hace que la tradicional evangelización basada en el proselitismo misionero un tanto agresivo, y polémico entre las religiones, se debilite en aras de nuevas exigencias humanas.
   La nueva evangelización africana pasa por un incremento del respeto a las diversidades étnicas, en donde se armonice el respeto y la convivencia con las necesidades de superar las fronteras heredadas de la etapa colonial.
   Es necesario fomentar la autonomía del clero diocesano y religioso y la nacio­nalización de las jerarquías, sobre todo católicas. Pero también es preciso reco­ger y preservar los beneficios de la cris­tianización promovida en el siglo XIX y en parte del XX, reconociendo lo que de positivo hubo. No se debe destruir lo recibido, a pesar de las luchas tribales y de las guerrillas alentadas por espúreos intereses comerciales (petróleo, diamantes, oro, cacao, cementerios nucleares) de las multinacionales norteamericanas sustitutorias de las europeas de la primera mitad del siglo XX.
   Las diferencias entre el Africa negra, animista y cristiana, y el Norte africano, mahometizado desde hace siglos, convierte al mundo africano en un continente bicéfalo. La nueva evangelización recla­ma servicios, refuerzos, apoyos en el sur; y diálogo, rectificaciones y, a veces, exigencias, en el Norte. En todo caso reclama paciencia y tiempo, ideas claras y posturas nobles en ambos segmentos demográficos, a fin de que se armonice la oferta de fe con el respeto a las originales condiciones de las razas que pueblan el gran continente.

  

  

4.4. El mundo resistente

El mundo árabe, o no árabe pero de fe islámica y mahometana, resulta el más resistente al diálogo interreligioso y en los tiempos recientes el más minado por fanatismos integristas y actitudes intransigentes.
   Las naciones del bloque mahometano se hallan convulsionadas por un tremendo desajuste social. Minorías privilegiadas dominan en la mayor parte de las naciones la riqueza artificial y caduca de las materias primas. Mientras tanto, masas demográficamente explosivas sobreviven en la miseria. Valores como la democracia, la igualdad de la mujer, el respeto a las creencias ajenas, la igualdad ante la ley, la valoración suprema de la persona y de sus derechos fundamentales, se hallan conculcados por postulados o legislaciones medievales. El clericalismo manipulador, falsamente coránico, alienta las dificultades sociales con actitudes agresivas y defensivas.
   Durante siglos la evangelización se ha estrellado contra tales lacras sociales y bloqueos ideológicos. La oscuridad ante el futuro no hace a la Iglesia abandonar el deseo de anunciar el Evangelio en estos ambientes y de mejorar su tarea mediante el diálogo, la comprensión, la colaboración en terrenos humanitarios.
   Demanda el respeto a las minorías religiosas, entre las que se encuentran los cristianos herederos del pasado, aunque no sean católi­cos, como el caso de los ortodoxos. Observa con preocupación la explosión demográfica y la emigración abundante que se da hacia Europa y América. No encuentra fácil el camino de la colaboración por la poca receptividad de las masas sometidas a los desconfiados poderes clericales.
   Rechaza la violencia y pide a los países de Occidente más aportación social y económica que militar. Sabe que tiene ante sí un desafío evangelizador nuevo y comprende las diferencias religiosas entre sunnies y chiíes, o entre los países más liberales y los dictatoriales.
   
   4.5. El mundo desafiante

   Es el de Asia, con sus grandes extensiones y con sus regiones y poblaciones diferentes, donde el mensaje cristiano ha entrado desde hace tiempo, ha progresado muy poco y hoy todavía se desarrolla con lentitud, empantanado en los barrizales mitológicos de tradición milenaria.
   Es mundo diversificado. Hay más de mil millones de habitantes en la China de las mil facetas, cuyas actitudes arcaicas laten bajo un sistema que tiene ya más de neocapitalismo que de maoísmo, aunque se disfrace de dictadura nacional.
   Hay otros mil millones de habitantes en el mosaico de pueblos que forman la Unión India, en donde convive el hinduismo religioso con el budismo, el lamaísmo con la jainismo y las diversas religiones animistas de las masas campesinas.
   El fragmentado Sur del Continente, con sus diversos pueblos, razas y lenguajes y los reinos montañosos que se prolongan en el Asia Central, donde otros mosaicos de pequeños Estados recogen la herencia de la fallecida Unión Soviética, ofrecen situaciones tan diferentes que la Iglesia se sobresalta cuando tiene que atender a la emergente y fecunda Iglesia católica de India o redimir a los escondidos católicos cismáticos de la China, cuando tiene que entender a los rígidos mahometanos de las países ribereños del Caspio o rebuscar los restos portugueses y holandeses en el Pacífico.
   Nueva evangelización en estos lugares tan dispares presupone conocimientos, comprensión, adaptación, flexibilidad legislativa y, en lo posible, recuperación de la figura del viejo misionero a lo Francisco Javier con más de testigo que de predicador de aldea.

 
 

 

   5. Campos evangelizables

   El repaso de las diversas situaciones ayuda a entender que "Nueva evangelización" no es algo homogéneo en una Iglesia que culturalmente es cada vez menos romana y más católica pues se abre a diferentes situaciones mundiales. Es pues fácil entender que nuevas formas culturales, nuevos lenguajes, múltiples culturas, historias diferentes están tiñendo el mundo de colores hoy familiares y hace un siglo insospe­chados.
   La Iglesia sabe que en todos esos ámbitos diferentes hay variables que inspiran sus preferencias pastorales: y que hay verdades irrenunciables y principios viejos que debe ser redefinidos con nuevos criterios de progreso espiritual.
   Pero también sabe que la nueva evangelización no es simple cambio de ropaje, como no puede ser de ninguna forma alteración del mensaje esencial. Es hacer del anuncio el centro de nuevos estilos, de nuevas relaciones, de nueva reformulación de objetivos, de nuevas formas de presentar los esquemas sin engaños falaces y sin culpables omisiones.
   En cada campo mundial de los citados hay que ofrecer la fuerza de la verdad revelada (Providencia, perdón, encarnación, redención, anuncios de resurrección, amor al hombre por el hombre). Pero hay que hacer la siembra de forma nueva para que la savia circule con fuerza y rejuvenezca los organismos: las familias, las parroquias, los grupos, los movimientos.
   La Iglesia busca una acción pastoral en medio de los hombres que responda a las nuevas circunstancias del mundo.
  - Quiere evangelizar no sólo con programas informáticos, sino con el reclamo a las exigencias sinceras de solidaridad internacional empezando por la local.
  - Quiere acercarse a la diversidad de las culturas y aceptar la originalidad de cada lugar, sin "occidentalizar" a los orientales, ni europeizar a los africanos o "romanizar" a los asiáticos.
  - Quiere proclamar la sinceridad de sus intenciones, sin disimular su postura ante postulados esenciales: el valor de la vida, la igualdad de los hombres, la dignidad de los enfermos o deficientes, la necesidad de libertad y la prioridad de los derechos humanos sobre los intereses.
  - Busca asumir los lenguajes de la pantalla audiovisual o informática, como en otros tiempos asumió la importancia de las cátedras universitarias o la revolución de la imprenta.
  - Se interesa por los foros internacionales, interculturales e interlingüísticos, como en otro tiempo se preocupó por situar en lugares asequibles los púlpitos.
   - Quiere que a todos llegue la verdad para que no sea la ignorancia el muro que impida asumir con alegría el mensaje de la Resurrección de Jesús y el anuncio de que volverá al final de los tiempos.
   Y todos estos deseos para una "Nueva evangelización" requieren revisión de las formas en la plegaria y en la Liturgia, en las leyes y en el Derecho Canónico, en las relaciones internacionales y en la comunicación con las otras Iglesias.
   Baste como símbolo sorprendente de los nuevos aires evangelizadores que hasta el mismo Papa Juan Pablo II aceptaba una declaración conjunta de la teología de la justificación que tanta ira generó en la iglesias protestantes (Declaración firmada el 31 de Octubre de 1999) y reclamaba una nueva manera de formular el Primado romano, incluso renunciando a sus modos históricos de hablar, para eliminar la irritación que produjo históricamente en los patriarcas de Antioquía, Jerusalén, Atenas, Constantinopla o Alejandría. (Encíclica "Ut unum sint")

   5. Nueva Catequesis

   Por supuesto la Nueva Evangelización requiere una nueva forma y estilo de catequización y de educación de la fe. La nueva catequesis, eco directo y fecundo de la nueva evangelización, implica determinados condicionamientos:
   - Se necesita superar las simples formas de adoctrinamiento religioso con la promoción de actitudes más conscientes, libres y responsables ante los postulados cristianos.
      - La personalización de las actitudes deben superar los ideales de un cristia­nismo sociológico que hoy se resquebraja en muchos lugares.
      - Al mismo tiempo la clarificación doctrinal se impone para no caer en una religiosidad de sentimientos difusos, la cual ha predominado mucho tiempo y generado ignorancia religiosa generalizada.
      - Algo falló a veces en la catequesis si saben más del Ramadán los jóvenes islámicos que de la Cuaresma y de la Pascua los jóvenes católicos.
      - No se trata de reducir la catequesis a cuestiones de comprensión y de explicación. Hay que reclamar más vida cristiana, hacer más hincapié en la práctica de la caridad con el prójimo que en la misma dominical, das más valor a la limosna que a las devociones particulares.
      - La nueva catequesis no se reduce a explicar y persuadir sino que aspira a enseñar a manejar la libertad; es más importante amar con hechos que repetir fórmulas; supone más mira a los objetivos que a los contenidos.

 

  

 

   

 

   6. Riesgos y demandas

   Los tres riesgos que deben ser tenidos en cuenta en la nueva evangelización y en la nueva catequesis deben hacer reflexionar.
   - El riesgo del vacío. Conducir al abandonado de todo lo anterior por viejo sin sustituirlo por nada de valor, por inseguro, frágil y debilitado es peligroso. Con frecuencia acontece en las personas jóvenes: quitan todo lo anterior: imágenes, novenas, devociones, plegarias. Se quedan sin nada. Y al cabo de poco tiempo se defraudan por falta de respuestas, por abandonos inesperados. En vez de reconocer la torpeza cometida, se desengañan o comienzan a desahogarse con lamentos si es que ellos mismos con siguen los caminos de los alejados.
   Por eso la evangelización debe acoger la piedad popular o las viejas tradiciones como punto de partida no como objeto de ataque.
   - El riesgo del desconcierto y la carencia de una sabia "pedagogía del cambio" exige transformaciones graduales, sustituciones inteligentes, itinerarios pacientes y siempre la esperanza en lontananza.
   Muchos de los procesos de secularización salvaje y de laicismos militantes en los ámbitos cristianos, no sólo católicos, sino sobre todo en ambientes anglicanos y evangélicos (protestantes) han estado estrechamente vinculados a minirrevoluciones religiosas. Temas disciplinares como el celibato opcional de los ministros ordenados, morales como la eutanasia pasiva, litúrgicos como la ordenación sacerdotal femenina, eclesiales como la elección democrática de Obispos, ha sido motivo de lucha en vez de ser objeto de discernimiento evangélico. La causa ha estado en la falta de sentido pedagógico en quienes los han planteado desde la dialéctica y no desde la caridad.
   - El riesgo de la independencia de opinión, de la ruptura con la tradición, de la rebeldía contra el Magisterio conduce al cisma (ruptura) y a la herejía (error). Y ambos se producen si uno prefiere su opinión a la verdad, su libertad de expre­sión a su servicio a Dios, su amor propio y al verdadero amor al prójimo.
   Puede haber un riesgo de ruptura cuando algunos aventureros se sienten incómodos en las estructuras eclesiales. Pero puede haber ruptura sutil, so pretexto de nuevas formas de evangelización, cuando algunos grupos, incluso católicos, se comportan como sectas (secta, corte, ruptura, apartamiento) displicentes con las mayorías o engreídas con sus estilos aristocráticos o selectivos. Puede darse en grupos católicos que miran más a su yo colectivo que a la comunidad real de la Iglesia.

   7. Esperanza y escatología

   La nueva evangelización es una necesidad, pero no de cara a las estadísticas eclesiales, sino con miras a la esperanza escatológica. Lo que la Iglesia ha recibido de Jesús no es la orden de convertir a todo el mundo al mensaje cristiano, sino el anunciar la verdad a los hombres.
   Podrán ser muchos o pocos los bautizados, podrán aumentar o disminuir los que los aceptan y lo viven como opción personal. Pero lo importante es que los hombres tengan el mensaje del amor de Dios a su alcance y que se sientan libres para rechazarlo o aceptarlo.
   Las formas de la "Nueva evangelización", que tantas veces hoy se proclaman como solución a los problemas eclesiales (suficientes ministros ordenados, vocaciones religiosas, sentido misionero de la Iglesia, oferta evangélica en ambientes no cristianos, mejora del rostro clerical de la Iglesia) podrán triunfar o fracasar. Lo importante no es el triunfo sino el servicio, no es la noticia televisiva sino la verdad proclamada.
   Es lo que debe enseñar la nueva evan­gelización a los educadores de la fe. Lo importante es anunciar el Evangelio con fe y con esperanza. "El que invoca el nombre del Señor se salvará. Pero, ¿cómo van a invocarlo sin creer en El? ¿Y cómo van a creer si nadie se lo anuncia? ¿Y cómo se lo van a anunciar si no hay mensajeros? Por eso está escrito: Bienaventurados los que traen las buenas noticias". (Rom. 10.14-15)